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MOVIMIENTO OBRERO - HUELGA AÑOS 1921-1922

INCIDENCIA EN LA ZONAS DE RÍO TURBIO Y ALEDAÑAS

Hacia el final de la Presidencia de Irigoyen, se generó un serio conflicto en el sur patagónico, zona de vasta estancias lanares. En tiempos de esquila se concentraban grandes masas de trabajadores itinerantes, muchos de ellos inmigrantes europeos con tradiciones sindicales, otros provenientes de Chile, gente con menor experiencia organizativa.

Ya en 1920, existía en Río Gallegos, en el extremo sur del territorio de Santa Cruz, un centro de oficios varios que trataba de organizar también el sector rural, enviando delegados a las estancias donde se concentraba el personal temporario. La confrontación se intensificó con episodios laterales, lo que ocasionó una breve huelga que fue arreglada a satisfacción de los sindicalistas.

Después del éxito, se intento extender la organización obrera a las estancias a pedir una serie de mejoras a los patrones, a fines de 1920, las que fueron concedidas por algunos empresarios. Pero en otras zonas rurales la represión policial contra los delegados sindicales se hizo sentir, y desde Lago Argentino una multitud de manifestantes se desplazó hacia la Capital, para pedir protección judicial. En el medio del camino fueron alcanzados por partidas policiales venidas de ambos extremos, lo que produjo un tiroteo y varios muertos, incluyendo algunos policías.

Este episodio fue tomado por ambos lados para intensificar la violencia, que se difundió a otros centros de esquiladores.

El presidente entonces, envía al Tte. Coronel Varela, al frente de un cuerpo armado para imponer el orden. Una vez llegado Enero de 1921, Varela consiguió calmar los ánimos. Los obreros lo recibieron con muy buena voluntad, dispusieron las armas, y entregaron a los rehenes que custodiaban en un improvisado campamento.

Los participantes del conflicto se dieron por satisfechos con su mediación, y a los pocos meses el militar volvía a Buenos Aires.

Algunos huelguistas, sin embargo, no aceptaron las condiciones y se prepararon para seguir la resistencia. El conflicto sindical, por otra parte, prosiguió con diversas alternativas, y la represión oficial se complementó con la acción de grupos civiles de choque pertenecientes a la Liga Patriótica Argentina.

En agosto, la situación se agravó con la declaración de una huelga general en el territorio y una erupción de violencia desde los sectores más extremos de los militantes obreros. Algunos volvieron a tomar rehenes, incendiar estancias y cometer abusos que la prensa magnificó hasta el infinito.

Ante la extensión del nuevo conflicto, Irigoyen volvió a enviar a Varela al frente de más numerosas fuerzas. Esta vez, el militar, que gozaba de la confianza del presidente por haber sido militante de la insurrección radical de 1905, y que tenía predisposición al diálogo, venía con una actitud más dura.

Muchos dueños de estancia en el sur, eran extranjeros, y al sufrir ellos los efectos de la violencia de los huelguistas ya transformados en rebeldes – “bandoleros” según la prensa – la repercusión internacional se hacía obvia y muy grave.

En la represión, Varela se extralimitó con respecto a sus ordenes y decretó fusilamientos y represalias que no estaban dentro de sus atribuciones. Los muertos llegaron al millar y quedaron como un baldón sobre la política obrera y de Derechos Humanos del gobierno de Irigoyen.

Extraído de:

“ Historia Social de la Argentina Contemporánea”

Torcuato S. Di Tella.

Editorial Troquel – 1998

RELATA OSVALDO BAYER:

LOS HECHOS DE “PUNTA ALTA”
(Hoy Estancia “Santa Ana”)

“Luego de los viajes de investigación decidí recorrer nuevamente el territorio santacruceño con el solo fin de situar los lugares donde fueron fusilados los hombres de campo de la huelga Patagónica. Para ello seguí punto por punto los recorridos de las tropas de Varela de acuerdo a sus propios partes militares o los de sus oficiales. El primer viaje lo hice en Diciembre de 1972, gracias al apoyo del gobierno provincial del señor Fernando Diego García. Me acompañó en el viaje el Sr. Subsecretario de Asistencia Social de la Provincia, don Alberto Cecilio Cuenya, y el señor Muñiz, como conductor del vehículo. Ambos son testigos de lo realizado en este viaje.

El primer punto en tocar fue la estancia Punta Alta, cuyo presidente del directorio es el señor Van Peborg, quien ya había leído mi primera investigación acerca de los sucesos y le había interesado saber, que justo allí, en su estancia, se había desarrollado el primer “combate” entre los obreros huelguitas y una avanzada del 10 de Caballería comandados por el capitán Viñas Ibarra. El parte de Viñas Ibarra, es muy detallado así que – sobre la base de un mapa aerofotométrico – pudimos dar con el lugar aproximado ayudado también por los datos del administrador de la estancia, Señor Man, además de las constancias de los documentos de la época cuyas referencias llevábamos. El lugar de las tumbas donde se hallan los restos de Pintos y sus compañeros queda cerca de Punta del Monte (tal cual nos había marcado antes en un croquis hecho a mano por el comisario Guadarrama, director de Tierras de la provincia) y donde antes había un corral de palo a pique. El lugar, desde el camino a Turbio, no es de fácil acceso debiendo irse con vehículo alto.

Acerca de los fusilamientos en Punta Alta y otras referencias de la columna huelguista dirigida por Pintos recogimos tres valiosos testimonios.

El de Ángel Vargas (Chileno, nacido en Valparaíso en 1905, actualmente domiciliado en Río Gallegos, de profesión camionero) que estuvo durante el “combate” de Punta Alta. En efecto, confrontando la lista de huelguistas detenidos entregados en Río Gallegos el 21 de Noviembre de 1921 bajo la firma de H. B. Varela, teniente coronel, Jefe del C. 10, aparece, bajo el número 15, el nombrado Ángel Vargas, chileno de 16 años de edad, soltero, domicilio: ambulante.

Visitamos a Vargas en diciembre de 1972, en su domicilio de la calle Santiago del Estero, de Río Gallegos. Nos atiende, pero nos señala que pese al tiempo transcurrido no quiere hablar de algunas cosas sufridas, primero porque es chileno y en segundo lugar porque hay mucha gente que vive y que estuvo muy comprometida con el “tremendo crimen que fue la represión de la segunda huelga rural”. Solamente iba a relatar su experiencia personal, en hechos, sin comentarios. ( Para comprender los detalles del relato de Vargas, sugerimos releer el capítulo VIII, desde la página 148, cuarto párrafo hasta la página 170, del Tomo II).

Ángel Vargas tenía en 1921 16 años de edad y llegó en noviembre de 1921 en compañía del yugoslavo Antonio Peric Saltar, de 19 años, como “pasajero” a la estancia Esperanza Douglas (ahora “Sofía”) en busca de trabajo. A la mañana siguiente llegó a la estancia, encabezando un grupo, el dirigente Antonio Soto quien hizo reunir a toda la peonada en el comedor. Se reunieron cerca de 60 hombres de la estancia y alrededores. Entonces Soto hizo una arenga señalándoles que habían caído prisioneros en el puente Buitreras los dirigentes Sambucetti, Mogilnitzky y Severino Fernández y en las Horquetas, Graña, Oyola Y Restituto Álvarez (ver Pág. 129 y 130 del II Tomo). Agregó Soto que también estaban presos en Río gallegos “El Toscano”, Ulacia y otros, y que para obtener la libertad de los presos se había resuelto declarar la huelga general. La consigna era “Libertad o Huelga”. Luego dio instrucciones para organizar el movimiento: había que reunirse en grupos, juntar toda la gente de las estancias y llevarse la caballada.

“Me acuerdo bien de algo que dijo Soto - continúa Vargas - y con lo cual todavía hoy no estoy de acuerdo. Señaló que los “compañeros” del campo debían ir voluntariamente a la huelga y que si no se adherían, los delegados de estancias tenían que obligarlos a ir por la fuerza. Además dijo que si durante la huelga los obreros necesitaban alimentos o ropas para su subsistencia debían apropiarse de ello en los almacenes de las estancias y que por esos la federación Obrera respondía”.

Vargas hace un paréntesis y nos explica: “eso para mí estuvo mal, era tomar cosas que no eran nuestras.”

Luego prosigue: “Soto - que era un hombre joven muy alto y que hablaba muy bien - nos dijo también que en las estancias que recorriéramos debíamos tomar como rehenes a los administradores, capataces, contadores y patrones. Si había mujeres en las estancias había que dejar a un peón o dos para que les picara leña y carneara para que tuvieran carne. El compañero Pintos se hizo cargo de la columna. El designaba las comisiones que iban a recorrer las estancias y a alzar a la gente. Yo, recién llegado de Chile, no entendía nada de la huelga pero me plegué a la columna porque no había otra posibilidad. Después si que me iba a arrepentir de no haberme escapado. Pintos tomó rumbo a Punta Alta, cerca de lo que hoy es Río Turbio. En el camino, en una pampita encontramos unos carritos con turcos mercachifles. Eran dos, uno se llamaba Emilio Amado. Iban barbudos. Allí, el delegado les hizo desatar los caballos de los carros y obligó a los turcos a acompañarnos. Uno de ellos iba a ser muerto después por las tropas del ejército. Fue así como llegamos a Punta Alta, al lugar llamado Corrales Viejos, donde hicimos campamento. De allí partían las comisiones para las estancias de los alrededores y luego volvían. Una tarde en que estábamos haciendo panes la rescoldo dieron la voz de alarma al grito de Vienen los carabineros! Nos confundimos, porque era el ejército. Los soldados venían en descubierto, de a pie separados en 30 o 40 metros. Nos empezaron a tirar y nosotros teníamos apenas 4 Winchester. Me acuerdo que corrí hasta donde había árboles y los balazos que nos tiraban cortaban las ramas. Yo me defendía dando tremendos saltos. Un tiro me rajó la bota y me hizo una huellita en el pié. Todos nos fuimos entregando, manos arriba y así nos llevaron hasta el corral. Allí iban trayendo a los otros. Vi al comisario Douglas que tenía revólver y espadín. Los dos turcos se habían tirado entre los árboles y de allí los trajo Douglas y les gritó: “Ah, hijos de dos matreros!” y mató a uno. El otro turco empezó a gritar que no lo matara. Douglas le tiró un tiro y le rompió la clavícula y como el turco seguía gritando y pidiendo por su vida, el comisario lo reconoció como un turco vendedor de gallegos y entonces le preguntó:

- Cómo estás aquí? Quién te trajo?

El turco fue derecho a Lagos y lo señalo.

“El comisario Douglas le tiró a Lagos sin pestañear. Lagos cayó y grito: “Ay, mi madre!”. Se quedó seco. Pero la bala solo le había rozado el cuero cabelludo.

“Mientras tanto un oficial ordenó juntar leña para quemar a los muertos. Como Lagos entonces se movió el comisario Douglas le tiró otro tiro que no llegó a herirlo (según me contó luego Lagos, la bala quedó enrollada en el pañuelo de seda que llevaba en el cuello y no pasó la pechera de la camisa). Douglas lo hizo parar de nuevo y le dijo: “Enseguida te voy a arreglar”, pero ya no le tiró más.

“ A todos los prisioneros nos quitaron los documentos y los quemaron, y a muchos le tusaron el pelo. Teníamos que estar todos preparados sin movernos con los centinelas que nos miraban; y si nos movíamos nos tiraban un tiro. Durante toda la noche así. Quedamos acalambrados hasta que nos llevaron a Fuentes del Coyle. “Allí nos pusieron frente al galpón de esquila. Fue entonces cuando vino el baile. Teníamos que pasar frente a un apuntador, que era un civil al que había que decirle nombre, nacionalidad y estancia donde trabajaba. Cumplido eso nos decía el civil: “siga para adentro”. Allí, en doble hilera estaban soldados, guardia blanca y policías, con sable, fusta y rebenque. Había que cruzar la cancha y entrar en los bretes. Yo vi como le pegaban al que iba delante mío, un hombre de edad, que se cayo y aprovecharon a darle. Yo traté de pasar a la carrera y salte sobre el viejo y no me olvido como un soldado cambio el sable de mano, me tiro de filo a la cara que pude cubrir con el antebrazo porque llevaba el atadito de ropa sobre el hombro pero no pude impedir que otro soldado me diera otro sablazo en la cara. Tan duro fue el golpe que a los tres días me salió la tira de cuero. Salí medio ciego de dolor y de rabia.

“Luego nos tuvieron 50 horas sin comer ni beber, formados en fila. Es cuando empezaron a elegir gente y pasaron cosas muy raras de las que no quiero hablar para no comprometerme.”

Le preguntamos por la suerte de Pintos. Nos dice que: “lo fusilaron cuando ellos estaban fusilados en el corral de Punta Alta. Primero le preguntaron al chileno Oscar Mansilla, que se porto muy bien porque respondió que no lo conocía. Entonces le pegaron un sablazo en la espalda. Lo dejaron sufriendo hasta que el mismo Mansilla pidió que lo mataran. A Pintos, lo reconoció el Comisario Douglas y lo fusilaron. Alcanzó a decir: “ Yo soy arg...”.

Para mí, en lo poco que lo conocí era un buen hombre.

“De los cien que eran aproximadamente el Punta Alta, fueron enviados alrededor de 30 a Río Gallegos”. (La lista de Varela remitiendo a los presos de Punta Alta, consigan 35 hombres.)

Antes de terminar nos habla de Julio Freyer ( Julio Freyer Suárez, argentino de 21 años, soltero, peón llegó malherido a Puerto Natales, a caballo. De allí lo llevaron en barco a Punta Arenas, donde falleció en el Hospital de Caridad - según lo establece la partida de defunción - el 26 de Noviembre de 1921, a las 02,30 P.M. por artición pierna derecha por arma de fuego (septicemia). PÁG.. 166 - TOMO II Los vengadores de la Patagonia Trágica.) quien fue herido en Punta Alta, logró huir a Puerto natales y de allí a Punta Arenas, donde falleció por gangrena de la herida sufrida. Dice que Freyer era un muchacho muy alegre, y que mientras estuvo en Punta Alta se hizo servir por el administrador de la Estancia Punta Alta, Esperanza Douglas, un inglés, a quien lo tenía de valet.

Justo en el momento en que fueron atacados por el ejército, Freyer se estaba afeitando y el gringo le tenía el espejo y la toalla.

El segundo testigo de los hechos de Punta Alta que entrevistamos en nuestro viaje, fue precisamente Antonio Peric Zlatar, yugoslavo, nacido en 1903, domiciliado en Puerto Santa Cruz y actualmente contratista de esquila. Lo encontramos en Estancia Carmen. Cuando llegó Soto, Peric tenía 18 años de edad, y se encontraba con Ángel Vargas, en la Estancia Esperanza Douglas. Nos repite las instrucciones de Soto que ya hemos trascripto, haciendo hincapié en que dijo que: “Los huelguista podían tomar las cosas de los almacenes de las estancias, siempre que las necesitaran”. Pero que él es testigo de que Pintos se opuso a la requisa de mercaderías en las estancias. Da fe que Pintos era un hombre decente. Acerca del encuentro en Punta Alta, nos dibujo el mapa del lugar: un corral alto de señaladas de vacunos de palo a pique, con un monte de robles al lado y una vega grande al frente. Que la gente que tenía armas largas, apenas si había 4 Winchester en el campamento, que cuando las tropas avanzaron, el centinela del campamento que era precisamente el chico Vargas, de 16 años, hizo un disparo al aire para dar la alarma. Que en un primer momento las tropas hicieron ondear bandera blanca pero que después empezaron a tirar. El logró esconderse en el robledal desde donde oyó los disparos y se mantuvo allí hasta que las tropas se marcharon con los prisioneros. Allí se encontró con Freyer, quien estaba malherido en una pierna. Lo ayudó y así cruzaron la frontera por Morro Chico a las 2 de la madrugada, porque los carabineros estaban avisados y entregaban a los prófugos al ejército. La herida que tenía Freyer era grave, en la rodilla de la pierna derecha. Lo dejó en Natales y él continuó a Punta Arenas, donde permaneció un tiempo escondido.

Relata que tiempo después pudo conversar con Ravena, un hombre de edad, tuerto, que había estado con ellos en Punta Alta. Le relató que en el pozo del agua fueron puestos 9 cadáveres y que a el lo obligaron luego a taparlos con ramas. De los que Peric conocía fueron fusilados un chileno campañista de la estancia Marckach Aike, un ruso que no se había metido para nada, un peoncito de la Estancia “La Uruguaya”; Pintos; el turco Nasif, que Douglas lo mató al encontrarlo escondido en el tronco de un árbol podrido y Lagos al que le tiró dos tiros sin matarlo pero le quedó la marca en el cuero cabelludo.

El tercer integrante de la columna Pintos que entrevistamos en este viaje es el Señor Eulogio Alonso, español, de 75 años de edad, propietario de los hoteles Alonso y Covadonga de Río Gallegos.

“ Yo estuve en la columna de Félix Pintos

(la filiación policial de Pintos - fusilado en Punta Alta - es la siguiente, de acuerdo al libro de presos de la comisaría de San Julián, año 1920: Félix Heriberto Pintos, argentino, de 27 años, soltero, tez morocha, pelo negro, ojos negros. Estuvo detenido “en averiguación” del 14-VI-20 al 13-VII-20 remitido por la Comisaría de Tamel Aike. Nota de Pág. 289 - “Los vengadores de la Patagonia trágica - Osvaldo Bayer.)

- nos dice el señor Alonso - porque así me lo indicaron el la Federación Obrera cuando se inició el conflicto. Yo trabajaba en aquel Tiempo en la Estancia Paso del Medio, de Ivon Noya. Salimos de Gallegos proclamando la huelga en la estancia. No hubo ningún atropello ni contra vida ni contra bienes, eso se lo puedo asegurar. Cuando se sacaba algo de los almacenes de las estancias siempre se dejaba un recibo firmado. En Punta Alta, en un lugar donde había un corral de marca de palo a pique, muy cercano a la estancia Punta del Monte, allí hicimos campamento. También, en las cercanías del corral había una especie de ranchito. En el grupo había dos “turcos”: Nasif, de Río Gallegos y Amado, de Lago Argentino. (El primero sería luego asesinado por las tropas). La columna nuestra iba con rumbo a estancia “Anita” para concentrarnos todos allí con los otros grupos que iba reuniendo Antonio Soto.

“Milagrosamente salvé mi vida por un hecho fortuito. Ese día el alemán Otto, otro más y yo salimos en comisión para buscar víveres a la cercana estancia Punta del Monte. Llegamos allí y ya cerca del anochecer íbamos a salir de regreso al campamento cuando se aparece un peón de la estancia Punta del Monte, que había estado en el campamento, de nombre Bautista y si mal no recuerdo García de apellido. Venía huyendo y nos dijo que había caído policía o tropa del ejército sobre el campamento y que había metido bala matando a unos cuantos. Esa tropa había llegado por arriba, por el lado de Fuentes del Coyle y había rodeado a los peones en huelga. Algunos pocos se habían salvado huyendo para Chile.

“Entonces resolvimos desparramarnos. Yo pensé que lo más inteligente era ir para Río gallegos para informarme bien de lo que estaba ocurriendo. Cubrí la distancia a caballo, pude entrar a la ciudad y mantenerme escondido en la casa de un amigo, Valeriano Fernández. Sabía que me buscaban por haber salido en comisión para proclamar la huelga. Pero, con el tiempo y perdida la huelga, la persecución contra los huelguistas se fue calmando y yo, gracias a la intermediación de hotelero Genaro Lafuente y del contratista de esquila Nicolich pude obtener una libreta de trabajo y comenzar a trabajar así nuevamente.

(Muchos no se dieron por satisfechos con el escarmiento que se había hecho con los huelguistas y se presentaron a la policía o al ejercito para acusar a los que sabían se habían salvado de ser fusilados. Por ejemplo, el caso del señor José Blanco que se presenta para “colaborar en el esclarecimiento de los hechos” y acusar a Eulogio Alonso de haberlo llevado como rehén hasta Punta Alta. Expediente legajo 253/22. -( Pág. 289 - Los Vengadores de la Patagonia Trágica - Osvaldo Bayer)

“ Del grupo original que acampamos en Punta Alta, murieron 5 en el tiroteo y calculo que fusilaron entre 16 y 18”.

Acerca de los hechos de Punta Alta debemos agregar el volante que desde la cárcel de Gallegos, escribieron los presos que fueron remitidos desde ese lugar por el Capitán Viñas Ibarra. Es el único volante producido por los obreros en plena represión. Es evidente que en Gallegos no pudo imprimirse y sospechamos que fue impreso en Punta Arenas. Es decir, llevado el original desde Gallegos y vuelto impreso desde Punta Arenas. Nos hace creer esto el hecho de que los tipos son iguales son iguales a los del diario “El Trabajo” de la Federación Obrera Magallánica. Reproducimos el texto respetando la ortografía original:

“ A LOS TRABAJADORES DEL MUNDO”

“ LOS CRÍMENES COMETIDOS POR UNA DOTACIÓN DEL 10º DE CABALLERÍA DEL EJERCITO NACIONAL AL MANDO DEL CAPITÁN VIÑAS EN CONJUNTO CON LOS POLICÍAS EN EL LUGAR DENOMINADO PUNTA ALTA (ARJENTINA)

“ A raíz del paro general declarado por la Federación Obrera de Río Gallegos pidiendo la libertad de los presos, fuimos desalojados por los patrones de los establecimientos donde trabajábamos.

Colocados entonces en esa situación violenta, dado lo ingrato del Clima para permanecer a la intemperie en pampas semidesiertas, nos dirigimos al lugar antedicho, donde al menos hay árboles y agua, lugar donde podríamos resguardarnos de los fuertes vientos, hasta tanto se arreglara la situación.

“Como llegaron después otros compañeros que también habían tenido igual suerte de ser desalojados, creímos conveniente enviar una comisión al pueblo para que nos llevara noticias ( la cual encontramos ahora en la cárcel). En vista que la comisión no regresaba, y que en número de compañeros reunidos era más o menos, de cien, decidimos dispersarnos en diferentes puntos, para evitar que la policía u otras autoridades nos creyeran amotinados.

“Así fue como algunos compañeros ya se habían dispersado, esperando los otros restantes otro día para hacer lo mismo.

“Esto sucedió el día 15 y 16 a las 17:30 horas apareció una dotación del 10º de caballería al mando del Capitán Viñas, algunos policías al mando del Subcomisario Douglas, y sin que mediara menor resistencia nos tomaron al tiro limpio a pesar de que permanecimos con los brazos en alto para demostrar que no intentábamos resistencia alguna, continuaron otra serie de descargas causando la muerte de algunos compañeros.

“FUSILAMIENTOS

“Luego nos hicieron formar en fila. Tomaron por el cabello al compañero J. Pintos y lo arrastraron unos 4 o 5 pasos y después el Capitán Viñas ordenó le hicieran descarga de fusilería. Por otro extremo de la fila el subteniente (Frugoni Miranda) toma al compañero Juan Alvarez, descargándole el revólver en el vientre. Ejecutados estos dos compañeros, Viñas vuelve a sacar al otro compañero Oscar Mansilla a quien ordena fuera fusilado inmediatamente a igual forma, el Subcomisario Douglas por otra parte toma al compañero José Lagos disparándole un tiro en el costado izquierdo y otro en la cabeza.

“Los compañeros que habían heridos y que aún gemían fueron ultimados a balazos. En resumen son catorce los compañeros cuya muerte hemos presenciado amén de los heridos a cierta distancia de nosotros, los cuales no sabemos si corrieron el riesgo de ser ultimados. Para terminar nos secuestraron todos los objetos que teníamos: ponchos, quillangos, prendas del recado, y el dinero que poseíamos, los certificados de los caballos que teníamos fueron quemados en nuestra presencia.

“Acto continuo, nos condujeron a la estancia Fuentes del Coyle, en donde después de encerrarnos en un galpón fueron tomando uno por uno y pegándonos sablazos hasta dejarnos tendidos en el suelo.

“Hace siete días que nos han encerrado en esta cárcel, donde nos están matando de hambre. No tenemos ni una pilcha en que tirarnos, todo, todo nos han quemado.

“Ya veis compañeros que no hacemos más que contaros lo sucedido, sin exagerar, puesto que insultos y otras torturas de que hemos sido víctimas, no detallamos por ahora. El comentario y demás lo dejamos para que os lo hagáis vosotros.

“Solo queremos demostrar los actos consumados por mandato de la Patria en pleno siglo de “civilización” y “democracia”. Territorio de SANTA CRUZ, Noviembre 25 de 1921.”

Esta fue la última expresión escrita de los restos del la Federación Obrera de Río Gallegos en plena represión militar.

Un hecho posterior, como intento de levantamiento, se desarrollo en el año 1922, en la Estancia “La primavera”, así lo relata el Comisario Isidro Guadarrama, principal actor del hecho, en el libro de Osvaldo Bayer:

“Fue en la “Estancia Primavera”, de Menéndez e Iglesias, cerca de la cordillera sur. En esa estancia estaba empleado un cocinero escocés, limpio al extremo que tenía la cocina hecha un espejo, pintada de blanco.

... el cocinero, de acuerdo con sus patrones, no permitía la entrada a la peonada a la cocina, sino para que para comer se les dio un cuarto adyacente con el objeto de que no ensuciaran los pisos bruñidos y las mesas pintadas de blanco...

... Pero he aquí que el “chilotaje” se retobó y, a pesar de las enseñanzas dejadas por el comandante Varela, plantó la huelga...

...La cosa iba en serio, pero el Administrador iba a encontrar un rápido correctivo. Concurrió al Destacamento policial del Pajarito e informó...

Dijo que el “chilotaje” no tenía manera de comportamiento y que, entre otras cosas, largaba salivazos verdes en el piso cuando tomaba mate. El oficial comprendió enseguida y planeó la estrategia a seguir. La partida policial llegó a medianoche, sigilosamente, cuando los “chilotes” dormían, y allí nomás rebenque en mano cayó en los camarotes sacudiéndoles con todo a los alborotadores. Bien calentitos a azotes los hicieron formar así, en calzoncillos - los que tenían - y de a uno en fondo se les ordenó marchar hasta el destacamento, distante legua y media (7 kms y medio aproximadamente). En el camino se le fue dando rebencazos a nalgas peladas, como a los chicos. Los pobres negros iban descalzos, en pelota, con una noche fresquita como para ablandar al más pintado. A los tres kilómetros, uno pidió para y en nombre de todos pidió perdón y dio la seguridad que iban a levantar de inmediato la huelga y no venir con más pretensiones de comer en mesas pintadas de blanco. El oficial les aceptó el arrepentimiento, luego de darles una filípica (sermón), donde el término más fino hubiera escandalizado al más curtido. Se les dijo claramente los que en realidad eran, arrastrados que venían a matarse el hambre al territorio argentino. Idioma claro para poner las cosas definitivamente en su lugar. Los “chilotes” comprendieron. Antes del amanecer ya estaban cumpliendo con su trabajo.

La solución había sido rápida y humanitaria. La piel era lo suficiente dura y trajinada como para que los rebencazos no dolieran demasiado. La policía había aplicado un método que demostraba que a Varela se le había ido un poco la mano al meter bala tan meticulosamente, a lo mejor hubieran bastado unos rebencazos bien dados.”

Extraído de:

“ LOS VENGADORES DE LA PATAGONIA TRÁGICA”

Osvaldo Bayer
Editorial Bruguera – 1985

“Hasta aquí la investigación acerca de la tumbas de los fusilados y otras comprobaciones. Ojalá que todo esto haya servido para que por lo menos, en el futuro, una cruz blanca anuncia al viajero los lugares donde cayeron las víctimas de la represión a la segunda huelga rural santacruceña.” “ LOS VENGADORES DE LA PATAGONIA TRÁGICA” - Osvaldo Bayer - Pág. 288

Finalizado el conflicto obrero, en necesaria la presencia de la policía en , migraciones y aduana. La mayoría de los agentes de policía era ex - gendarmes que acompañaron a Héctor Varela durante la cruenta represión durante la huelgo obrera rural

En nuestra zona, la policía territorial se instala provisoriamente en Rospentek, propiedad de Curt Meyer, hasta su instalación definitiva en “El Turbio” frente al hotel.

Hacia 1922, también se instala el Juzgado de Paz y se construyen algunas viviendas y se comienzan utilizar el carbón en las estufas debido a sus afloramientos sobre la superficie.

( Pág. 242/243- Los Vengadores de la Patagonia Trágica - Tomo III - Osvaldo Bayer)

 

 
Este sitio fue realizado por alumnos y docentes de la Escuela Industrial Nº5 -- Río Turbio, Santa Cruz, Argentina (02902)421185 info@mirioturbio.com.ar
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